Uno
Creía que me moría –dijo Lucía, refiriéndose a esa angustiosa experiencia–. Nunca había sentido nada igual. Es algo horrible: el corazón me latía a mil por hora, parecía que se iba a salir del pecho. Comencé a marearme y sentir náuseas. Un sudor frío recorrió todo mi cuerpo. Me senté para no desmayarme. Pensé que me estaba dando un infarto, que había llegado el final…
¿Qué es?
Según los principales manuales de referencia en psiquiatría y psicología clínica, el ataque de pánico es la aparición súbita de miedo o malestar intenso que no está limitado a ninguna situación particular, siendo por tanto imprevisible. Alcanza su máxima expresión en minutos, durante los cuales aparecen al menos cuatro de los siguientes síntomas:
- Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardiaca.
- Sudoración.
- Temblor o sacudidas.
- Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
- Sensación de ahogo.
- Dolor o molestias en el tórax.
- Náuseas o malestar abdominal.
- Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
- Escalofríos o sensación de calor.
- Parestesias (entumecimiento u hormigueo).
- Desrealización o despersonalización.
- Miedo a perder el control o de “volverse loco”.
- Miedo a morir.
Dos
“Lo que más me preocupa es que pueda volver en cualquier momento” –prosiguió Lucía mientras se enjugaba las lágrimas–. “Estoy asustada. Nunca me ha sucedido nada igual. Me siento impotente, tan limitada… no sé por qué me pasa esto” –rompió a llorar–.
¿Por qué se produce?
Quienes atraviesan ataques de pánico a menudo se sienten desbordados, impotentes y confundidos. Su mente no encuentra respuesta a lo que experimentan, y la imprevisibilidad de las crisis retroalimenta el miedo y la desesperación.
Desde el paradigma biologicista, se recurre a farmacoterapia para paliar los síntomas, pero no aborda la causa profunda. La terapia cognitivo-conductual interviene con tres pasos: psicoeducación, reestructuración cognitiva y exposición gradual, buscando modificar pensamientos y reacciones, pero sin penetrar en la raíz psíquica del problema.
“Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo o malestar intenso que no están limitadas a ninguna situación, siendo por tanto imprevisibles”.
Tres
“Ya lo he probado todo” –dijo Lucía apesadumbrada, tumbándose en el diván–. “Ansiolíticos, técnicas de relajación, yoga, meditación… y cuantos autorregistros y tareas me mandó la psicóloga. ¿Y de qué me han servido? Estoy igual. Peor, diría yo. Antes tenía esperanza. Ahora ya no sé ni a qué santo encomendarme… ¿no me estaré volviendo majara, verdad? ¿Esto tiene cura?”
Ni fármacos ni buena voluntad
Tanto la farmacoterapia como la terapia cognitivo-conductual solo paliarán los efectos del ataque de pánico sin tocar su causa. La posición psíquica del paciente y la estructura que origina el trastorno permanecen intactas.
La mirada psicoanalítica
Síntoma y enfermedad no son lo mismo. Todo síntoma posee un sentido y está enlazado a la vida psíquica del sujeto, lo que constituye el axioma fundamental de la clínica psicoanalítica.
Continuará en ATAQUE DE PÁNICO II.

