Como decíamos ayer…
El axioma psicoanalítico
Síntoma y enfermedad no son lo mismo. Todo síntoma posee un sentido y está enlazado a la vida psíquica. Este fue el cierre del escrito anterior (marzo).
Recordando el diagnóstico
Un ataque de pánico, según el DSM-V y la CIE-11, es la aparición súbita de miedo o malestar intenso, no limitado a ninguna situación específica. Basta con presentar 4 de 13 síntomas posibles para diagnosticarlo, siempre con carácter imprevisible. El afectado puede experimentar miedo intenso a perder el control, “volverse loco” o incluso a morir en apenas minutos.
Limitaciones de fármacos y terapia cognitivo-conductual
Como ilustran las experiencias de Lucía, ni la farmacoterapia ni la buena voluntad terapéutica constituyen la solución. Estas intervenciones solo paliaban los síntomas, dejando intacta la posición psíquica que determina la estructura psicopatológica de la paciente.
“Creía que me moría… Nunca había sentido nada igual. Es algo horrible. El corazón me latía a mil por hora, parecía que se iba a salir del pecho. Comencé a marearme y sentir náuseas. Un sudor frío recorrió todo mi cuerpo. Me senté para no desmayarme. Pensé que me estaba dando un infarto, que había llegado el final…”
“Lo que más me preocupa es que pueda volver en cualquier momento. Estoy asustada. Nunca me ha sucedido nada igual. Me siento impotente, tan limitada… No sé por qué me pasa esto.”
“Ya lo he probado todo: ansiolíticos, técnicas de relajación, yoga, meditación… ¿Y de qué me han servido? Estoy igual. Peor diría yo. Antes tenía esperanza. Ahora ya no sé ni a qué santo encomendarme. ¿No me estaré volviendo majara? ¿Esto tiene cura?”
Contexto personal de Lucía
- Mujer, 32 años, profesión liberal, deportista, amante del cine y la música. Soltera.
- Primera crisis importante: primavera 2017, conduciendo por la autopista, temiendo perder el control y mareándose.
- Dependencia familiar: su madre la acompañaba a trabajo debido a su incapacidad para conducir.
- Relación sentimental: con un hombre mayor, trasladarse a Madrid generó ansiedad y ataques de pánico.
- Desencadenantes simbólicos: escenas de películas violentas y música que evocaban daño o humillación, causando pensamientos intrusivos de cortarse.
Desarrollo del trastorno
Los ataques fueron escalando: primero evitar conducir, luego limitar hobbies, finalmente depender de su madre para salir de casa. Su relación con Pablo terminó tras presión para mudarse y comprometerse.
Diagnóstico inicial: agorafobia. Interrupción del tratamiento por falta de resultados visibles.
Reaparición y recuperación parcial
Durante el confinamiento de 2020, Lucía contacta por Skype. Nuevos ataques de pánico y pensamientos de corte se presentan, pero menos frecuentes y más controlados. Recupera gradualmente actividades: conduce acompañada, continúa la rutina diaria y desarrolla conciencia sobre el significado de los pensamientos intrusivos.
“Sacrificas el amor por estar con mamá”
Desenlace terapéutico
Lucía deja de tener ataques de pánico. Los pensamientos de corte persisten de manera esporádica, con comprensión de su sentido simbólico. La angustia se convierte en un aliado que le indica los conflictos de dependencia y subjetividad. Su progreso refleja la integración de la vida psíquica, autonomía y fidelidad a su deseo propio.
Parafraseando Lacan: la angustia señala lo que no engaña. Superar el vínculo simbólico que limitaba su independencia permitió a Lucía recuperar autonomía y reducir los síntomas incapacitantes.
Los entrecomillados están sacados del discurso de Lucía
Fuente: Del libro «Hay otra manera de vivir»

